Casadentro: Crítica
No es mi idea declarar ninguna superioridad de nadie. Solo apunto que, al final, lo que cada crítico o comentarista o espectador de cine declara sobre una película es una racionalización de su experiencia subjetiva, y ni vuelta que darle. He releído varias veces lo que escribí acerca de la película peruana Casadentro…
…y, aunque encuentro algunas torpezas en mi redacción (alabar un plano porque “la composición, la luz y el tono están llenos de solvencia” para decir en el siguiente párrafo que la película tiene un problema de tono… ¿en qué estaría pensando?) y, de hecho, no hice explícita mi percepción de Joanna Lombardi como una directora con potencial, pienso que el texto que escribí es fiel a lo que sentí cuando el último plano de la película –un close-up de Élide Brero– se fue a negro.
En ese segundo de punto final, antes de que aparecieran los créditos y empezara yo a pensar en la película, hubo una sensación. No hay manera de falsificarla.
¿Por qué escribo estas cosas? Probablemente porque hay gente, cuyo gusto respeto, a la que “Casadentro” sí gustó y me lo hizo saber (“La crítica de un Hombre Joven. Si fueras mujer y vieja quizá querrías volver a esta película”, me escribe una de estas personas, desde su universo que es diferente del mío…) Sería interesante discutir “Casadentro” partiendo de tal punto –la sensibilidad pretendidamente femenina del filme: por desgracia, “Casadentro” sale de cartelera mañana y no creo que pueda llegar a verla una segunda vez– pero ello excedería el propósito de este post.
Es fácil criticar una película hecha en otro país, a cuyo director o a cuyos actores probablemente no conozcas nunca. Otra cosa es escribir sobre un filme donde han trabajado amigos tuyos, o cuya directora está en tu Facebook… Pero no existe otra manera de escribir sobre cine que desde el descaro, que es finalmente la fidelidad de tu yo racional a tus sensaciones de espectador –crudas, irracionales– en aquel momento en que se prenden las luces.
Fuente: www.cinencuentro.com